Volumen Crónico

Fito Paez

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El pibe de oro de la Trova Rosarina (1982 - 1986)
La historia arrancó en Rosario. Fito ya descollaba en el piano cuando Juan Carlos Baglietto lo sumó a su banda, desembarcando en Buenos Aires a principios de los 80 como parte de la "Trova Rosarina". Su talento descomunal llamó la atención del mismísimo Charly García, quien lo reclutó para tocar los teclados en la gira de Clics Modernos y en la grabación de Piano Bar.

Con el empujón de Charly, lanzó su carrera solista con discos rabiosos y geniales como Del 63 (1984) y Giros (1985), que contenía clásicos absolutos como "11 y 6", "Yo vengo a ofrecer mi corazón" y "Cable a tierra". En 1986 cumplió el sueño de grabar un disco doble a la par de su ídolo, Luis Alberto Spinetta: el aclamado La la la.

La tragedia, la oscuridad y Ciudad de pobres corazones (1987 - 1991)
En noviembre de 1986, mientras Fito estaba de gira en Brasil, sus abuelas (las mujeres que lo habían criado tras la muerte de su madre cuando él era un bebé) fueron brutalmente asesinadas en su casa de Rosario. El hecho hundió al músico en una oscuridad profunda, llena de rabia, dolor y nihilismo.

De ese infierno brotó Ciudad de pobres corazones (1987), un disco de rock crudo, violento y descarnado que exorcizó su rabia. Tras este quiebre, cerró la década mudándose al pop con Ey! (1988) y abriendo los 90 con Tercer Mundo (1990), un álbum que anticipaba el sonido de su era de oro con temas como "Y dale alegría a mi corazón".

El amor, la masividad absoluta y el récord histórico (1992 - 1994)
A principios de los 90, Fito se enamoró de la actriz Cecilia Roth, una musa que trajo luz y orden a su vida. Inspirado por ese renacimiento, compuso y grabó la obra cumbre de su carrera:

El amor después del amor (1992): Este álbum no solo fue un éxito; se convirtió en un fenómeno sociocultural. Con invitados de lujo como Charly, Spinetta, Mercedes Sosa, Andrés Calamaro y Gustavo Cerati, el disco hilvanó hit tras hit ("A rodar mi vida", "Un vestido y un amor", "Tumbas de la gloria", "Brillante sobre el mic"). Se transformó —y sigue siendo hasta el día de hoy— en el disco más vendido de toda la historia del rock nacional.

Circo Beat (1994): Mantuvo la masividad con un tono más lúdico, nostálgico y radial ("Mariposa tecknicolor").

Madurez, experimentación y el clásico eterno (1995 - Presente)
En los años siguientes, Fito exploró el formato acústico, grabó un disco a dúo con Joaquín Sabina (Enemigos íntimos) y en 1999 lanzó Abre, un álbum tremendo de arreglos de vientos que regaló la conmovedora "Al lado del camino". Al año siguiente pateó el tablero con el rockero Rey Sol (2000).

Durante las décadas siguientes nunca dejó de componer, editar discos y filmar películas. Su vigencia tuvo un pico de masividad absoluto gracias al estreno de su serie biográfica en Netflix y las giras homenaje por los 30 años de El amor después del amor, donde re-grabó el álbum con artistas de la nueva generación. Fito demostró que sus canciones pertenecen al living de todas las casas de la Argentina.

El legado: Fito Páez es el puente perfecto entre la complejidad armónica del rock de los 70 y la sensibilidad del pop masivo de los 90. Sus canciones son crónicas vivas del amor, el dolor, las calles de Buenos Aires y Rosario, y la resiliencia humana.

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Las Pelotas

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El nacimiento en las sierras (1988 - 1991)
Tras la muerte de Luca Prodan a fines de 1987 y la disolución de Sumo, Germán Daffunchio (guitarra) y Alejandro "Bocha" Sokol (quien había sido el primer bajista y baterista de Sumo) decidieron seguir tocando juntos. Se mudaron a las sierras de Córdoba, lejos del caos de Buenos Aires, buscando curar las heridas de la pérdida.

Allí armaron Las Pelotas, sumando a Alberto "Mingo" Troglio (también ex-Sumo) en batería y un poco más tarde a Gabriela Martínez en el bajo, quien se convirtió en un pilar histórico de la banda. El nombre del grupo nació de una respuesta rápida e irónica que solían dar cuando les preguntaban qué iba a pasar tras el fin de Sumo: "¿Y ahora qué van a hacer?" — "¡Las pelotas!".

Su primer disco, Corderos en la noche (1991), mostró un rock crudo, con tintes de reggae, ska y post-punk, dejando clásicos instantáneos del under como "Sin hilo" y "Nunca me desvincule".

El templo del reggae-rock y el culto (1992 - 2002)
Durante los años 90, la banda construyó un culto gigante y fiel que llenaba lugares míticos como Cemento. Sacaron discos brutales como Máscaras de sal (1994) y Amor de amores (1996), donde la voz rota, pasional y descontrolada del Bocha Sokol hacía un contraste perfecto con la voz más melancólica, calma y reflexiva de Germán Daffunchio.

La banda se transformó en la embajadora del reggae-rock en el país, metiendo vientos y ritmos jamaiquinos pero con la mugre del rock de acá. Fueron elegidos ni más ni menos que por los Rolling Stones para telonearlos en sus cinco shows de River en 1995, y repetirían el honor en 1998 y 2006.

En 1998 lanzaron Para qué? y en 2001 Todo un polvo, consolidándose como una banda de resistencia cultural ante la crisis reinante en Argentina.

El quiebre comercial: "Será" y la despedida del Bocha (2003 - 2009)
Aunque eran una banda masiva en el circuito de rock, el éxito comercial absoluto en los medios tradicionales les llegó en 2003 con el disco Esperando el milagro. El tema "Será" se transformó en un hit radial descomunal que sonó en todo el continente, llevando a la banda a estadios de fútbol y festivales masivos como el Cosquín Rock, donde ya jugaban de locales.

Sin embargo, las tensiones internas y el desgaste por los problemas de adicciones del Bocha Sokol fracturaron al grupo. En 2008, después de un show histórico en el festival Quilmes Rock, se anunció oficialmente que el Bocha dejaba la banda para armar su proyecto solista (El Vuelto S.A.).

La tragedia golpeó con fuerza un año después: el 12 de enero de 2009, Alejandro Sokol falleció tras sufrir un paro cardiorrespiratorio en la terminal de colectivos de Río Cuarto. El dolor unió a todo el rock nacional en el respeto a uno de los frontmans más carismáticos y auténticos que pisaron un escenario.

Renacimiento y vigencia (2010 - Presente)
Con Germán Daffunchio asumiendo el liderazgo absoluto en la voz principal, la banda demostró una resiliencia tremenda. Grabaron discos excelentes, maduros y muy emotivos como Despierta (2009) —dedicado al Bocha—, Cerca de las nubes (2012) y Brillante sobre el mic (2020).

Las Pelotas logró reinventarse sin perder su esencia. Sus canciones actuales tienen una carga de melancolía y belleza acústica única, pero cuando suben al escenario y suenan los acordes de "Capitán América" o los viejos himnos de Sumo, la banda sigue destilando la misma furia indomable del primer día. Con más de 35 años de historia, son una de las bandas con mayor permanencia del país.

El legado: Las Pelotas demostró que se puede sobrevivir a las pérdidas más desgarradoras manteniendo la dignidad y la honestidad artística. Su música es un viaje que va desde el pogo más furioso hasta la balada más emocionante, siempre con los pies sobre la tierra.

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Divididos

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El nacimiento desde las cenizas de Sumo (1988 - 1990)
La historia de Divididos es imposible de contar sin nombrar a Sumo, la banda mítica e hipervanguardista de los años 80 liderada por el italiano Luca Prodan. En diciembre de 1987, la muerte de Luca decretó el final de Sumo y dividió al grupo en dos grandes ramas: por un lado nació Las Pelotas, y por el otro, Divididos.

El núcleo lo armaron dos ex-Sumo: Ricardo Mollo (voz y una guitarra bestial) y Diego Arnedo (un bajista descomunal, considerado por muchos el mejor de la historia del rock nacional). Junto al baterista Gustavo Collado, lanzaron su disco debut en 1989, 40 dibujos ahí en el piso, que mantenía el pulso post-punk y oscuro de su banda anterior e incluía una tremenda versión de "La rubia tarada".

La era de "La Aplanadora": Masividad y distorsión (1991 - 1994)
Con la llegada de Federico Gil Solá a la batería, la banda encontró su sonido definitivo: un power trío imbatible que mezclaba el hard rock con funk pesado y folclore argentino.

A acariciar lo amargo (1991): El disco que los puso en el radar masivo con clásicos como "El 38" y "Ala delta", canciones donde los dedos de Arnedo en el bajo y los solos con dientes de Mollo hacían escuela.

La era de la boludez (1993): Producido en Estados Unidos por el prestigioso Gustavo Santaolalla, este álbum fue un éxito comercial monstruoso. Contiene himnos nacionales como "¿Qué ves?" y una potentísima e inolvidable versión de "El arriero", de Atahualpa Yupanqui, demostrando que se podía cruzar la distorsión rockera con la tradición gauchesca de forma perfecta. Llenaron 13 estadios Obras Sanitarias seguidos.

Experimentación y el pulso del país (1995 - 2009)
A mediados de los 90, Gil Solá dejó la banda y entró Jorge Araujo en la batería, inaugurando una etapa de altísima madurez musical. Grabaron discos excelentes y súper experimentales como Otroletravaladna (1995) y Gol de mujer (1998) —con el hitazo "Nene de antes"—.

En el año 2000 lanzaron Narigón del siglo, grabado en los míticos estudios Abbey Road en Londres. El álbum capturó el clima de la época con temas como "Spaghetti del rock" (una balada conmovedora elegida varias veces como la mejor canción de la década) y "Par mil". En esta época consolidaron su costumbre de tocar en directo con una calidad sónica impecable, siendo capaces de demoler un estadio entero con su volumen y, diez minutos después, sentarse con instrumentos acústicos a tocar una zamba santiagueña.

Renovación y vigencia absoluta (2010 - Presente)
En 2004 se incorporó Catriel Ciavarella en la batería, completando la que muchos consideran la formación más sólida, veloz y enérgica de su historia. Tras años sin editar material de estudio, en 2010 lanzaron de forma totalmente independiente Amapola del 66, un disco que celebraba sus raíces y ganaba el Gardel de Oro.

Divididos entendió como nadie el paso del tiempo. Lejos de aburguesarse, sus shows en vivo son verdaderas maratones de energía de casi tres horas, donde Mollo y Arnedo (que ya pasan los 65 años) tocan con la misma intensidad y furia juvenil que en 1988. En mayo de 2023 celebraron sus 35 años de carrera colmando el Estadio de Vélez Sarsfield, demostrando que su título de "La Aplanadora del Rock" sigue completamente intacto.

El legado: Divididos logró amalgamar la herencia sónica del rock internacional (Hendrix, Led Zeppelin) con la mística del folclore argentino, creando un sonido autóctono indomable. Además, son la escuela viva de cómo debe sonar un power trío arriba de un escenario.

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Luis Alberto Spinetta

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Si Charly García es el rey y el arquitecto del rock argentino, Luis Alberto Spinetta es su poeta supremo, su faro ético y espiritual. Conocido como "El Flaco", Spinetta elevó el rock en español a la categoría de alta poesía, fusionándolo con el jazz, el surrealismo y la filosofía.

Su coherencia artística y su incansable búsqueda estética lo convirtieron en la figura más respetada y sagrada de la música popular argentina.

Aquí tenés el recorrido por su universo musical:

El big bang del rock nacional: Almendra (1967 - 1970)
A finales de los 60, un jovencísimo Spinetta formó Almendra junto a sus compañeros del colegio en el barrio de Belgrano (Emilio del Guercio, Edelmiro Molinari y Rodolfo García).

Su disco debut homónimo de 1969 —el de la famosa tapa del dibujo del hombre de la flecha en la cabeza— revolucionó todo. Dejaron canciones inmortales como "Muchacha (ojos de papel)", "Plegaria para un niño dormido" y "Ana no duerme". Almendra demostró, junto a Manal y Los Gatos, que se podía hacer rock con una identidad puramente urbana, poética y en castellano.

El fuego y la crudeza: Pescado Rabioso y Artaud (1971 - 1973)
Tras un viaje por Europa, Spinetta regresó buscando un sonido mucho más potente, crudo y distorsionado, influenciado por Led Zeppelin y Black Sabbath. Así nació Pescado Rabioso.

Editaron álbumes fundamentales de blues-rock psicodélico, pero la obra cumbre llegó en 1973 con Artaud. Aunque el disco salió bajo el nombre de la banda, fue en realidad un trabajo solista de Spinetta. Inspirado en la poesía del francés Antonin Artaud, es considerado de forma unánime por la crítica como el mejor disco de la historia del rock argentino. Canciones como "Bajan", "Todas las hojas son del viento" y "Cantata de puentes amarillos" rompieron todas las estructuras compositivas conocidas.

El viaje al jazz y la fusión (1973 - 1989)
Fiel a su espíritu mutante, Spinetta nunca se quedó cómodo en un solo lugar:

Invisible (1973 - 1976): Un trío de una sofisticación técnica impresionante, donde fusionó el rock con elementos de jazz y tango, dejando joyas como El anillo del Capitán Beto.

Spinetta Jade (1980 - 1985): Un proyecto volcado de lleno al jazz-rock y el sonido de sintetizadores de los años 80 ("Maribel se durmió").

Etapa Solista y Privé: En 1986 editó Privé, un disco ultra moderno donde usó cajas de ritmos e invitó a Charly García y a un joven Fito Páez, con quien ese mismo año grabaría el aclamado disco doble La la la.

Los Socios del Desierto y las Bandas Eternas (1990 - 2012)
En los años 90, volvió a la crudeza del formato de trío con Spinetta y los Socios del Desierto, entregando canciones poderosas y viscerales como "Cheques". Su carrera solista continuó regalando discos de una belleza acústica y madurez excepcionales, como Silver Sorgo (2001) y Un mañana (2008).

El broche de oro a su trayectoria ocurrió el 4 de diciembre de 2009 en el Estadio Vélez Sarsfield, en un concierto histórico bautizado como "Spinetta y las Bandas Eternas". Durante más de cinco horas de pura magia, el Flaco reunió a absolutamente todas las bandas de su vida (Almendra, Pescado, Invisible, Jade, Socios) e invitó a cantar a Charly, Fito Páez, Gustavo Cerati y Ricardo Mollo. Fue la celebración definitiva de su enorme legado.

El 8 de febrero de 2012, tras dar batalla a un cáncer de pulmón, el Flaco partió hacia el cosmos. En su homenaje, en Argentina se instauró el 23 de enero (fecha de su nacimiento) como el Día Nacional del Músico.

El legado: Spinetta nos enseñó que "mañana es mejor". No solo dejó una obra musical inabarcable y bellísima, sino también un ejemplo de dignidad artística insuperable: jamás transó con las modas comerciales ni sacrificó su libertad creativa.

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Charly Garcia

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Si las bandas anteriores construyeron los pilares del rock argentino, Charly García es el arquitecto absoluto de toda la estructura. Él no es solo un músico; es la encarnación viviente del rock en América Latina, un genio absoluto con oído absoluto que redefinió la música popular una y otra vez.

Aquí tenés el resumen de una vida que parece sacada de una película:

El inicio folk y la revolución progresiva (1972 - 1981)
Charly era un niño prodigio que tocaba música clásica en el piano a los 4 años, pero los Beatles le rompieron la cabeza y lo cambiaron todo. Su carrera pública explotó a principios de los 70:

Sui Generis: Junto a Nito Mestre formó el dúo acústico más importante del país. Canciones como "Rasguña las piedras" y "Canción para mi muerte" se convirtieron en la banda sonora de la juventud de la época. Se despidieron en 1975 con el histórico concierto Adiós Sui Generis.

La Máquina de Hacer Pájaros: Introdujo el rock progresivo y los sintetizadores complejos a la escena nacional.

Serú Girán: Considerados "Los Beatles argentinos". Junto a David Lebón, Pedro Aznar y Oscar Moro, desafiaron la censura de la dictadura militar con metáforas poéticas brillantes ("Canción de Alicia en el país", "Viernes 3 AM"). Musicalmente eran una superbanda perfecta.

La vanguardia moderna y los años dorados solistas (1982 - 1989)
En los años 80, Charly inició su etapa solista y trajo la modernidad a la Argentina post-dictadura. Viajó a Nueva York, compró cajas de ritmos, samplers y grabó una trilogía de discos que cambiaron las reglas del pop-rock:

Yendo de la cama al living (1982): Grabado en plena Guerra de Malvinas.

Clics Modernos (1983): Su obra cumbre. Un disco bailable, electrónico, irónico y políticamente afilado ("Los dinosaurios", "Nos siguen pegando abajo").

Piano Bar (1984): Rock crudo grabado en vivo en el estudio junto a una banda tremenda (con Fito Páez en teclados).

Terminó la década con obras masivas como Parte de la religión y Cómo conseguir chicas, consolidado como el monarca absoluto de la música nacional.

La era "Say No More" y el salto al vacío (1990 - 2007)
En los 90, Charly llevó el concepto del rock stars al extremo. Adoptó el bigote bicolor como marca registrada y acuñó el lema "Say No More". Su música se volvió más caótica, experimental y vanguardista, destruyendo las estructuras tradicionales en discos como La hija de la lágrima (1994) y Say No More (1996).

Su vida personal se transformó en un reality show de excesos, escándalos hoteleros y genialidad. El pico de esta locura ocurrió en marzo del año 2000, cuando se tiró desde el noveno piso de un hotel en Mendoza a una pileta de natación solo para demostrar que podía hacerlo. Salió ileso.

La redención del maestro (2008 - Presente)
Después de una crisis de salud muy grave en 2008, Charly inició un largo proceso de recuperación con la ayuda de amigos como Palito Ortega. Volvió a los escenarios más ordenado, regalando conciertos históricos de pura nostalgia y emoción en estadios como Vélez.

A pesar del paso de los años y sus limitaciones físicas, su mente musical nunca se apagó. Siguió editando música (Random en 2017 y La lógica del escorpión en 2024), demostrando que, pase lo que pase, el rey sigue en su trono.

El legado: Charly García enseñó a un país entero a escuchar rock. Sus canciones cruzaron dictaduras, crisis, modas y generaciones, transformándose en el ADN cultural de la Argentina.

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Babasonicos

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El Nuevo Rock Argentino y la experimentación (1991 - 2000)
La banda se formó a principios de los 90 en Lanús, al sur del Gran Buenos Aires. El núcleo lo armaron Adrián "Dárgelos" Rodríguez (voz y letras provocadoras), su hermano Diego "Uma" Rodríguez (guitarra y coros), Diego "Uma-T" Tuñón (teclados), Diego "Panza" Castellano (batería), Mariano "Roger" Domínguez (guitarra) y Gabriel "Gabo" Manelli (bajo).

El nombre fue un juego de palabras entre Sai Baba (el gurú espiritual) y los Supersónicos (los dibujos animados).

Fueron los líderes indiscutidos del movimiento "Nuevo Rock Argentino" de los 90. Discos como Pasto (1992) —que incluía el éxito "D-Generación"—, Trance Zomba (1994) y Dopádromo (1996) eran un parque de diversiones sónico: mezclaban rock alternativo, hardcore, hip-hop, psicodelia, bases electrónicas y letras llenas de ironía y ciencia ficción. Eran la oveja negra y sofisticada del rock nacional.

El quiebre y la corona del pop-rock: Jessico (2001 - 2005)
A finales de los 90, la banda se quedó sin contrato discográfico en medio de la peor crisis económica de Argentina. Lejos de achicarse, redoblaron la apuesta, fundaron su propio sello y en 2001 lanzaron Jessico.

Jessico (2001): Fue una bisagra absoluta en la historia de la música argentina. Dejaron un poco de lado la experimentación ruidosa para abrazar un pop-rock bailable, sexy y ultra radial. Canciones como "El loco", "Fizz", "Rubí" y "Yoli" sonaron en todos lados. Fue elegido disco del año y rescató culturalmente a una Argentina que estaba deprimida.

Infame (2003): Profundizó esa veta de "galanes de balada rota" y los terminó de consagrar a nivel continental. Temas como "Irresponsables", "Putita" y "Y qué?" se convirtieron en clásicos instantáneos que conquistaron México y el resto de Latinoamérica.

El dolor y la madurez de los líderes del milenio (2006 - 2017)
En 2006 sacaron Anoche ("Carismático", "Pijamas"), consolidando su estatus de estandartes del rock masivo. Sin embargo, en 2008 sufrieron su golpe más duro: la muerte del bajista Gabo Manelli debido a un linfoma de Hodgkin. Gabo era una pieza fundamental del sonido y el espíritu de la banda.

A pesar de la pérdida, la banda siguió adelante incorporando a Carca y Tuta Torres. Editaron discos de gran factura técnica como Mucho (2008), A propósito (2011) y Romantisísmico (2013) —ganador del Gardel de Oro—. En este período demostraron que sabían envejecer con estilo, mutando hacia un sonido más nocturno, elegante y bailable.

La vigencia absoluta (2018 - Presente)
Mientras muchas bandas de su generación se convirtieron en piezas de nostalgia, Babasónicos se mantuvo obsesionado con el presente y el futuro.

En 2018 lanzaron Discutible, un disco que cuestionaba la era de las plataformas y el consumo rápido. En 2022 volvieron a romper los ránkings con Trinchera y hits descomunales como "Bye Bye" y "La izquierda de la noche", llenando estadios como el Movistar Arena y el mismísimo Campo Argentino de Polo, demostrando que su poder de convocatoria y su relevancia siguen intactos tras más de 30 años de carrera.

El legado: Babasónicos logró lo imposible: ser masivos y populares sin perder jamás el prestigio, la provocación ni el espíritu alternativo. Le enseñaron al rock que se podía hacer bailar a las masas sin perder la cabeza ni la elegancia.

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Soda Estereo

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Laニュー・ウェイヴ (New Wave) y el nacimiento (1982 - 1984)
La historia comenzó en Buenos Aires, en plena transición hacia la democracia. Gustavo Cerati (voz y guitarra) y Héctor "Zeta" Bosio (bajo) se conocieron estudiando publicidad en la Universidad del Salvador. Buscando un baterista, dieron con Charly Alberti.

Influidos por bandas británicas del momento como The Police, The Cure y Television, el trío adoptó una estética llamativa: peinados batidos, delineador y ropa colorida. En 1984 lanzaron su disco debut homónimo, Soda Stereo, con temas enérgicos, bailables e irónicos como "¿Por qué no puedo ser del jet-set?" y "Vitaminas".

La conquista de América y la "Sodamanía" (1985 - 1989)
Con su segundo disco, Nada Personal (1985) —que incluía el clásico "Cuando pase el temblor"—, el grupo demostró que era mucho más que una moda pasajera.

En 1986 editaron Signos, un álbum más maduro y oscuro escrito por Cerati en medio de un proceso creativo intenso ("Persiana americana", "Prófugos"). Fue con este disco que iniciaron una gira continental histórica. Lugares como Chile, Perú, Colombia y México se rindieron ante el trío. Era la primera vez que una banda de rock argentina generaba histeria masiva, desmayos y persecuciones en los hoteles fuera de su país natal. El fenómeno fue bautizado como la "Sodamanía".
La consagración y la obra cumbre (1990 - 1994)
Al llegar los años 90, Soda Stereo ya era la banda más grande de la región, pero en lugar de repetir la fórmula, decidieron patear el tablero:

Canción Animal (1990): Considerado uno de los mejores discos del rock en español. Dejaron de lado las máquinas y los sintetizadores de los 80 para volcarse a un sonido de guitarras distorsionadas, potente y ligado al rock clásico argentino. Contiene el himno continental "De música ligera". En diciembre de 1991, coronaron este éxito reuniendo a 250.000 personas en la Avenida 9 de Julio de Buenos Aires, un récord absoluto.

Dynamo (1992): Fieles a su espíritu vanguardista, experimentaron con el shoegaze y la música alternativa/electrónica, adelantándose años a lo que sonaba en la región.

El cansancio y el "Gracias totales" (1995 - 1997)
Tras un parate y proyectos solistas (como el auge de Cerati en la electrónica y la música alternativa), volvieron al estudio para grabar su último álbum de estudio: Sueño Stereo (1995), una obra refinada que mezclaba pop, rock y arreglos de cuerdas ("Zoom", "Ella usó mi cabeza como un revólver"). Luego realizaron su aclamado MTV Unplugged ("Comfort y música para volar").

Sin embargo, el desgaste de las relaciones personales entre los tres integrantes se volvió insostenible. En mayo de 1997 anunciaron oficialmente su separación. La despedida fue una gira corta que cerró el 20 de septiembre de 1997 en un Estadio de River Plate colmado. Al final de "De música ligera", Cerati pronunció la frase que quedó grabada en la historia de la cultura popular:

"No solo no hubiéramos sido nada sin ustedes, sino con toda la gente que estuvo a nuestro alrededor desde el comienzo... ¡Gracias totales!"

El regreso histórico y el legado eterno (2007)
Diez años después, bajo el lema "Me verás volver", el trío se reunió para una única gira continental. Rompieron todos los récords de convocatoria en América Latina, llenando seis estadios River Plate solo en Buenos Aires, demostrando que su vigencia estaba intacta. Fue la última vez que tocaron juntos.

Tras el trágico ACV de Gustavo Cerati en 2010 y su posterior fallecimiento en 2014, el legado de Soda se volvió inmortal.

El legado: Soda Stereo demostró que el rock latinoamericano podía tener un nivel de producción, sofisticación técnica y calidad compositiva idéntico al de las potencias anglosajonas. Abrieron los caminos internacionales para todas las bandas que vinieron después.

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Viejas Locas

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El origen en el barrio (1989 - 1993)
La historia arrancó en el Colegio Comercial N° 2 de Villa Lugano, en Buenos Aires. Tres amigos —Cristian "Pity" Álvarez (voz y guitarra), Abel Meyer (batería) y Diego "Fachi" Crea (bajo)— se juntaban a zapar influenciados por los Rolling Stones y el blues clásico. Como a Pity ya lo apodaban "Viejas Locas" por sus ocurrencias, el nombre quedó para la banda.

Durante los primeros años patearon el circuito under, tocando en sótanos y clubes de barrio. Su propuesta era directa: guitarras crudas, letras sobre el día a día de los pibes de los suburbios (la esquina, la falta de laburo, la policía, las drogas) y una conexión idéntica, sin filtros, con su público.

La explosión y la era dorada (1994 - 1999)
Para mediados de los 90, la banda ya llenaba lugares míticos como Cemento sin tener siquiera un disco oficial. La industria no pudo ignorarlos y firmaron con PolyGram.

Viejas Locas (1995): Su debut homónimo explotó con clásicos como "Intoxicado" y "Lo artesanal".

Hermanos de Sangre (1997): Consolidó su popularidad. Canciones como "Perra" y "El chico de la oculta" se convirtieron en himnos de las barriadas. Llegaron a ser teloneros de los Rolling Stones en River en 1998, el sueño del pibe cumplido.

Especial (1999): Producido por el prestigioso Nigel Walker, este disco los llevó a la masividad absoluta en radios y televisión. Temas como "Me gustas mucho", "Todo termina" y la balada "Homero" (un retrato durísimo y empático de la clase obrera) sonaron en todo el país.

La banda estaba en su pico de popularidad, metiendo decenas de miles de personas en Obras Sanitarias y estadios del interior.

El quiebre y las vidas paralelas (2000 - 2008)
El éxito masivo, las giras extenuantes y los crecientes problemas de adicciones (especialmente de Pity) desgastaron al grupo. En septiembre de 2000, en pleno furor, anunciaron su separación en un show en La Matanza.

De esa ruptura nacieron dos proyectos muy importantes:

Pity y Abel formaron Intoxicados, que expandió las fronteras del rock incorporando hip-hop, reggae y funk (dejando discos brutales como Otro día en el planeta Tierra).

Fachi y Sergio "Pollo" Toloza (guitarrista) armaron Motor Loco.

El regreso y el declive (2009 - 2018)
En 2009, tras la disolución de Intoxicados, Pity decidió rearmar Viejas Locas junto a Fachi. Llenaron el estadio de Vélez Sarsfield en un regreso histórico, aunque opacado por incidentes afuera del estadio y una represión policial que terminó con la muerte del joven Rubén Carballo.

En 2011 sacaron su último disco de estudio, Contra la pared. Sin embargo, los años siguientes estuvieron marcados por la inestabilidad. Los shows eran impredecibles: a veces Pity daba conciertos brillantes y otras llegaba horas tarde o no se presentaba, lo que provocó que Fachi y otros músicos volvieran a alejarse.

El final trágico y definitivo de la banda (y de la carrera pública de Pity) llegó en julio de 2018, cuando el cantante se vio envuelto en un hecho policial por el homicidio de un vecino en Villa Lugano, quedando desde entonces bajo procesos judiciales y tratamientos de salud mental.

El legado: Viejas Locas fue la voz de una generación que sobrevivió a la crisis de los 90 en Argentina. Con un sonido directo de herencia stone, Pity Álvarez demostró ser uno de los compositores más lúcidos, callejeros y sensibles de la música popular argentina.

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Los Redonditos de Ricota

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El nacimiento en La Plata (1976 - 1984)
La banda nació en medio del clima tenso de la última dictadura militar en La Plata. Más que un grupo musical, empezó como un colectivo artístico multidisciplinario formado por músicos, poetas, cineastas y performers. El núcleo creativo lo consolidaron tres figuras:

Carlos "El Indio" Solari (voz y letras enigmáticas).

Skay Beilinson (guitarra y arreglos únicos).

Carmen "La Negra" Poly (manager y el cerebro detrás de su filosofía independiente).

El nombre venía de un personaje ficticio e invisible ("Patricio Rey") y de unos buñuelos de ricota reales que un amigo de la banda (el "Doce" Fenton) repartía entre el público durante los shows. En esta época, sus recitales eran fiestas teatrales y delirantes en sótanos del circuito under.

Independencia al culto (1985 - 1990)
A diferencia de otras bandas, Los Redondos rechazaron sistemáticamente los contratos con grandes discográficas y la publicidad en televisión. Ellos mismos producían, grababan y distribuían sus discos.

En 1985 lanzaron su debut, Gulp!, financiado de forma totalmente independiente.

Le siguieron obras maestras como Oktubre (1986) —cuya estética visual, diseñada por el artista Rocambole, se convirtió en la identidad gráfica de la banda— y Un baión para el ojo idiota (1988).

Canciones como "Jijiji" (el pogo más grande del mundo) o "Ya nadie va a escuchar tu remera" empezaron a sonar en todas partes por el "boca en boca". Los lugares pequeños les quedaron chicos y comenzó el fenómeno de las "misas ricoteras": peregrinaciones masivas de fanáticos de todo el país para verlos.

La masividad y el dolor (1991 - 1997)
La masividad trajo consigo tensiones. En abril de 1991, el joven Walter Bulacio fue detenido por la policía antes de un show en el Estadio Obras Sanitarias y murió días después a causa de las torturas recibidas. Esto marcó un antes y un después; la banda limitó sus shows en Capital Federal debido a la persecución policial y al desborde del público, mudando sus conciertos al interior del país.

A nivel musical, lanzaron discos dobles y complejos como Lobos sueltos, corderos atados (1993) y Luzbelito (1996), consolidándose como la banda más convocante del rock nacional, metiendo más de 100.000 personas en estadios de fútbol.

Experimentación y el final definitivo (1998 - 2001)
En sus últimos años, la banda experimentó con sonidos electrónicos y más oscuros en los álbumes Último bondi a Finisterre (1998) y Momo Sampler (2000).

Finalmente, el 4 de agosto de 2001, dieron su último concierto en el Estadio Chateau Carreras de Córdoba. Las diferencias acumuladas entre el Indio y Skay respecto al manejo del archivo en video de los shows y el rumbo de la banda provocaron un desgaste irreparable. En noviembre de ese mismo año, se anunció una separación que, aunque al principio parecía temporal, terminó siendo definitiva.

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